Seguro que recordáis la primera aparición de Wario en el
mundo de Nintendo. Mario, en su segunda aventura para Game Boy, tuvo que
recorrer su mundo (conocido entonces como Wario Land por un hechizo) para
conseguir los sellos que abrían el castillo donde se encontraba su gran enemigo
y secuestrador del mundo. Y, en la última sala aparecía el señor Wario, con
peto negro y grandes orejas que, una vez derrotado, lloraba como un bebé.
